miércoles, 28 de abril de 2010

EL ASTRÓLOGO


CAPÍTULO I


EL ASTRÓLOGO

El astrólogo pertenece a uno de tantos grupos de personas que motivadas por el amor impersonal procuran incrementar el mejoramiento de las condiciones humanas. El ha alcanzado un grado de desarrollo en que sus recursos internos destilados de encarnaciones pasadas son de tal cualidad y esfera que es preciso sean divulgados; en otras palabras, una parte de su conciencia ya no puede encontrar satisfacción en los niveles de experiencia
puramente personales o biológicos. (Desde luego, su servicio impersonal es una expresión de su desarrollo y experiencia como un ser humano; pero sus propósitos son para el mundo de los seres humanos en conjunto).
Consideremos al astrólogo a la luz de los “diseños astrológicos”:
En un círculo en blanco trace los diámetros horizontal y vertical. La cruz formada por estas dos líneas simboliza la seidad humana del Astrólogo: Un hombre - o una mujer - encarnado con propósitos de desenvolvimiento tratando con problemas, pruebas y tentaciones como hace cualquier otro; tal vez sujeto a una o muchas clases de pruebas a través del sufrimiento. Todo esto atañe a su parte personal, pero cuando añadimos la cúspide de la novena casa a este “patrón de la cruz” vemos que el astrólogo emerge de la
limitación de un mero ser humano. El símbolo de Júpiter colocado en la novena casa de este diseño describe su identidad esencial: Él es “hermano mayor” y maestro.
En su seidad humana sobre este plano, él es hermano de todos los que vienen a él en busca de orientación. Él reconoce que huella los mismos senderos esenciales que los demás; pero lo que lo diferencia de ellos es el compuesto de su cualidad amorosa impersonal, su margen de comprensión de las condiciones humanas y sus facultades mentales abstractas. Este compuesto eleva su conciencia a un nivel que trasciende las motivaciones biológicas básicas del pensamiento y el sentimiento; él ve a través de los conceptos de raza, religiones de grupo, castas, moldes de familia, patrones de relación física y aún del sexo mismo. Su acercamiento a sus “hermanos y hermanas menores” se basa en el estudio y comprensión de los patrones vibratorios de éstos - en otras palabras,
sus conciencias.
Su estudio fundamental es el de la naturaleza vibratoria de la entidad que llamamos humanidad en sus miríadas de expresiones y variaciones, manifestadas por impresiones y sentimientos subconscientes, gustos emocionales, cualidades y condiciones físicas y patrones de reacción a todos los departamentos de experiencia y de relación comunes a todos los seres humanos en su progreso evolutivo. La humanidad no solo es una familia - es
una cosa, un patrón particular de expresión de la vida -
El astrólogo es desde luego, una faceta de esa cosa; pero por la percepción y el entendimiento, él está en relación con la mayor parte de las otras facetas de esa cosa como está una persona en la ama de una montaña con aquellos que escalan la misma montaña o con aquellos que permanecen aún abajo en el valle. Él ya ha destilado, en su nivel evolutivo particular, algo que los trepadores en la falda de la montaña y aquellos en el valle están
destilando: Conciencia de principios universales y su expresión a través de los procesos de la vida humana. Él a su vez tiene aún montañas delante, y hay otros que han alcanzado atalayas que están más altas que el punto ocupado por él ahora. Pero la conciencia
impersonal es el denominador común de todos ellos. Esa es la esencia de la fraternidad que lo relaciona con aquellos que aún están trepando y los que van en su delantera. Él es hermano mayor para los primeros y hermano menor para los que van adelante. Pero todos ellos son hermanos para los que permanecen en los valles de conciencia puramente biológica y materialista.
La novena casa simboliza en nuestro diseño, el aspecto de conocimiento o sabiduría del astrólogo; su aspecto de amor está señalado por la undécima casa. Agregue al diseño el símbolo de Acuario sobre la cúspide de la undécima casa y coloque el símbolo de Urano en esa casa; sombree la novena y undécima casas para que sobresalgan del resto de la rueda; conecte estas dos casas añadiendo las líneas de las cúspides de la tercera y quinta casas, así
indicando un compuesto de dos patrones de polaridad:

1) El conocimiento elevado a su expresión trascendente de la sabiduría destilada de la experiencia;

2) El amor personal, como expresión creadora, elevado a su nivel espiritualizado del amor impersonal infinito a la humanidad - prescindiendo de los niveles de manifestación y de desarrollo de esta última -.

El aspecto amoroso de la conciencia del astrólogo - designado por la undécima casa y la esencia vibratoria de Urano - es la culminación de todas las casas de relación y la más
espiritualizada expresión de los signos de aire. La casa undécima es la Relación Humana en su expresión más proteica. Ella es la destilación de todos los patrones de relación - el poder del amor en su expresión como las “aguas de Vida”, la panacea de toda experiencia emocional, la meta final de todo amor humano -. Nosotros llamamos a este estado “Amistad” - la esencia de lo mejor que puede derivarse de la convivencia de la gente, no importa quien o lo que puedan ser ellos como individuos -.
Este aspecto de amor es por su propia naturaleza, la esencia fundida de los aspectos de amor de ambos sexos - o polaridades -. El astrólogo ha destilado hasta cierto punto por medio de su experiencia intensificada de encarnaciones pasadas, la comprensión de las características concernientes a los atributos masculinos y femeninos. Para cumplir su servicio él debe estar capacitado para penetrar en los problemas de los hombres y las mujeres y percibir los rumbos de la regeneración y la corrección.
La conciencia del astrólogo con respecto a este aspecto de amor, puede ser delineada más claramente por medio de otro diseño. (El que hemos estado considerando se refiere más particularmente a los rumbos evolutivos o senderos que deben atravesarse por uno que busca rendir servicio a través de la interpretación astrológica). El florecimiento de la conciencia amorosa del astrólogo es indicado por una rueda en blanco en la que las cúspides de la tercera, séptima y undécima casas son conectadas por líneas rectas formando un triángulo equilátero. Es interesante que un punto del triángulo - la tercera cúspide - está en el hemisferio inferior o hemisferio de la conciencia del ego; la séptima cúspide marca un
punto de equilibrio, siendo opuesta al Ascendente; la undécima cúspide, representando el nivel de conciencia de relación más alto, está en el hemisferio superior, o hemisferio de la conciencia anímica. Hay un elemento - un denominador común - de “fraternidad”, enlazando estas tres casas entre sí. La tercera casa es, en niveles biológicos, “hermanos y hermanas”; en una expresión más impersonal, ella es los “parientes y vecinos”; aún más
impersonal, son los “condiscípulos” - personas de cualquier edad o condición que están aprendiendo de la misma fuente de conocimientos, o que se están espiritualizando por la misma interpretación religiosa o filosófica -. La séptima casa es la relación fraternal de una persona - o conciencia - con una expresión complementaria - sexual o vibratoria -. La “fraternidad del matrimonio” puede describirse de esta manera: Un hombre y una mujer desempeñan en la convivencia, la progresión de la vida en experiencia amorosa y procreación. Marido y mujer, en este servicio de la vida, son verdaderamente hermano y hermana como una expresión de la conciencia de la tercera casa intensificada por los poderes compuestos de la atracción del deseo y la liberación del amor. La undécima casa, en el hemisferio de la conciencia anímica, es la trascendencia de los dos primeros puesto que ella es la conciencia de amor expresada hacia la entidad completa que llamamos humanidad y no está limitada en su expresión por estar confinada a una sola parte - o a partes selectas - de esa entidad como su objeto.
Por lo tanto el astrólogo de motivación espiritual debe mantenerse como un símbolo viviente de ese amor que no reconoce barreras ni limitaciones de ninguna clase, para su expresión.
Consideremos ahora un diseño que pueda tomarse como la representación de un retrato simbólico del astrólogo en sus factores compuestos de conciencia humana y conciencia espiritual. Utilizando una rueda con las casas en papel blanco, llene las primeras seis casas con un color oscuro-pardo, azul, etc., llene la séptima y octava casas en rojo - simbolizando los “fuegos” de la relación y la regeneración; las restantes cuatro casas
quedarán en blanco - símbolo de la conciencia espiritualizada. El cuadro resultante es el de un ser humano cuyos elementos vibratorios y ambientales son esencialmente los mismos de
cualquier otra persona; el ha experimentado gran desarrollo a través de la transmutación de sus vibraciones inferiores por los poderes espiritualizantes del idealismo, el amor, el servicio, el sacrificio, la autodisciplina y el cumplimiento de la responsabilidad. El ha sido
muchas cosas - como trabajador; él ha realizado la mayor parte de los patrones de experiencia en la relación amorosa - como varón y como hembra; él es - o ha sido - algo de artista porque sus percepciones mentales incluyen un entendimiento de lo simbólico y de lo abstracto. El está consciente del drama de la vida y es sensible a los matices de los pensamientos y sentimientos humanos tal como se presentan en los problemas que él estudia. El conoce el mal; pero su mente y su corazón están puestos en el bien. El estudia
problemas para cumplir el propósito de encontrar sus soluciones. Como su motivación es  amorosa él irradia estimulo, neutraliza el temor, ilumina la conciencia de sus hermanos y hermanas poniéndolos alerta de sus fuerzas y poderes. El es - y sé da cuenta que es - una “puerta abierta” a través de la cual todos aquellos que lo deseen pueden pasar de la oscuridad de sus patrones irredimidos a la luz del conocimiento propio. El no aprueba ni rechaza nada de lo que ve en cualquier horóscopo - él mantiene el sentimiento personal fuera del cuadro - porque reconoce que todo mapa es una representación del bien por llegar a ser.
Con respecto al cliente que pide su ayuda lo vemos representado por este diseño:
Una rueda con las primeras seis casas coloreadas o sombreadas, las seis casas superiores quedando en blanco. En este diseño las casas inferiores sombreadas representan al cliente con su problema; las casas en blanco representan al astrólogo y su conciencia
espiritualizada. Todos los problemas humanos están arraigados en expresiones irredimidas de las primeras seis casas; ellos son traídos a su foco más intenso a través de la acción compuesta de la séptima y octava casas y las soluciones son encontradas en los poderes
regeneradores de las últimas cuatro casas. En este diseño el astrólogo refleja las potencialidades regeneradoras del cliente. De este modo él está representado como el otro yo, o yo superior del cliente. La acción magnética del poder amoroso atrajo el cliente al
astrólogo, que está pendiente de auxiliar a todos los que lo necesitan y por los poderes destilados de su conciencia regeneradora, él está capacitado para estudiar el mapa del
cliente y de arrojar un rayo de luz hacia los rincones obscuros y percibir el correctivo espiritual necesitado para la conciencia del cliente hacia su problema.
El astrólogo, que está en contacto con el cliente, tiene la responsabilidad de descartar todos los patrones de perturbación personal mientras lleva a cabo la tarea de leerle el horóscopo. Él debe ser el hemisferio blanco y en el caso que esté tratando con una
perturbación personal profunda seria mejor plan diferir la lectura hasta que él pueda establecer el equilibrio interno. Reconociendo la cualidad impersonal de su servicio, él sabe que él es un instrumento por el cual lo bueno del cliente se pone de manifiesto y él no tiene
realmente ningún derecho de imponer al ya perturbado o aprensivo cliente sus propias fricciones internas. Su responsabilidad es reflejar la luz, claramente, poderosamente y firmemente.
Ya que todas las formas de servicio acarrean ciertos patrones característicos de prueba para los aspirantes, sería bueno considerar alguna de las pruebas principales que tarde o temprano habrán de encararse por todos los astrólogos.
La gran responsabilidad del astrólogo es mantener su punto de vista libre de todo falso reclamo de orgullo y exceso de poder. Estas tentaciones son muy sutiles y pueden ser muy difíciles de notarse conscientemente. Para leer un horóscopo sensiblemente pone en
las manos del astrólogo cierto poder sobre la mente y emociones de su cliente; el último siendo hasta cierto punto dependiente del astrólogo, puede tender a sentir y expresar cierta reverencia hacia el astrólogo que puede ser muy lisonjera a su conciencia humana. El
astrólogo debe mantener respeto a su propia instrumentación; si lo hace no caerá en la trampa de permitir que su habilidad se convierta en fuente de halago a vanidades latentes; él por el contrario la dejará permanecer como una “vela ardiendo brillantemente en el altar del servicio espiritual”.
El astrólogo sirve mejor si puede mantener el rendimiento de su servicio libre de todo reclamo limitador de remuneración financiera. Si él puede ganarse la vida de otro modo y hace su trabajo astrológico como una expresión creadora, él tiene una oportunidad
mucho mejor de mantener sus canales abiertos y despejados. El cliente tiene perfecto derecho de compensar si así lo desea, ya que él quiere establecer el equilibrio en relación con el astrólogo por lo que él considere recto intercambio y para expresar su aprecio. No
obstante, la remuneración financiera no se debe dejar convertir en un factor estático para el astrólogo si éste ha de mantenerse como un símbolo de ofrenda universal. Desde el momento en que él establece un plan de cargo específico por sus servicios se arriesga a
aislarse de mucha gente que puede necesitar su ayuda; pero que no la pueden pedir porque no pueden pagarla. En resumen, el astrólogo que mantiene sus canales de servicios abiertos y libres es el que sirve mejor, más completamente, más felizmente y más espiritualmente.

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del libro " Estudios de Astrología III ", de Elman Bacher

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