miércoles, 28 de abril de 2010

EL ASTRÓLOGO TRATA SOBRE LA ENSEÑANZA


CAPÍTULO IV


EL ASTRÓLOGO TRATA SOBRE LA ENSEÑANZA

Júpiter como regente abstracto de la novena casa, es el símbolo astrológico del
maestro. Como quiera que la consideración de temas abstractos es auxiliada por la
meditación sobre un símbolo trazado, o “exteriorización”, se sugiere que se utilicen cuatro
diseños astrológicos en la continuación de este material.
El primero será una rueda con las casas numeradas; el símbolo de sagitario en la
novena cúspide, el símbolo de Júpiter en la novena casa. En la consideración de este diseño
encontramos que nuestro punto de concentración está en el hemisferio superior del
horóscopo, o digamos, en la parte de la conciencia anímica del patrón de vida. Es la
expresión trascendente de su polaridad inferior, la tercera casa. Nosotros podemos hablar de
la novena casa y quedarnos perplejos para siempre si no nos “arraigamos” en la
consideración de la tercera casa que está regida abstractamente por Mercurio a través del
signo de Géminis.
Ahora le añadimos a nuestro diseño original el signo de Géminis en la tercera
cúspide y colocamos el símbolo de Mercurio en la tercera casa. Ya hemos establecido un
“diseño de polaridad” por el cual un punto en la mitad inferior de la rueda es dirigido a la
mitad superior. Este diseño significa un “sendero de evolución” por el cual un aspecto de la
“conciencia separativa” evoluciona hacia un aspecto de conciencia “impersonal” o
conciencia “anímica”.
La primera casa es “Yo Soy” - el reconocimiento de la conciencia individual, del
Ser -. La segunda casa es “Yo tengo” - una identificación emocional con la vida por la
conciencia de “apego a través de la posesión” -. La tercera casa es la “percepción de la
Vida” a través del ejercicio de la facultad no emocional del intelecto. Marte y Venus, como
regentes abstractos de la primera y segunda casas son “expresiones emocionales”;
Mercurio, como regente abstracto de la tercera es aún en los niveles primitivos, la primera
percepción de conciencia impersonal no emocional.
Mercurio por lo tanto es nuestra capacidad para la “identificación no emocional”.
Por medio de su ejercicio nosotros le damos nombre a las cosas, ya sean concretas o
abstractas. También identificamos las cosas en términos de medida, cualidad y función.
Mercurio no es un medio por el cual nosotros nos identificamos con la Vida; él es el medio
por el cual nosotros relacionamos las objetivaciones de la Vida con nosotros mismos para
nuestras utilizaciones y comunicaciones.
Visto desde este punto de vista. Mercurio (como regente de la tercera casa del
primer cuadrante o “cuadrante de cosecha” de la rueda) es el símbolo de toda instrucción.
Es la facultad por medio de la cual los hechos son transmitidos de la mentalidad de una
persona a la mentalidad de otra. El es correspondientemente, la facultad por la cual los
hechos son comprendidos por la mentalidad que recibe la instrucción o información.
Mercurio es lenguaje, expresado concretamente por la palabra hablada, el gesto o la
imagen; abstractamente, por la palabra escrita. Es el símbolo de la relación universal de la
gente entre sí en concepto de concordancia mental. Es el símbolo de todo estudiante y como
tal, simboliza esotéricamente la esencia de todas las relaciones fraternales. (Todos nosotros
somos, prescindiendo de relaciones exteriores, paralelos entre sí - fraternalmente porque
todos somos estudiantes de la experiencia de la vida).
La consideración adicional de este diseño demostrará que toda enseñanza tiene sus
raíces en la facultad de aprender y que el desarrollo de la destreza como maestro depende
del mantener activa esta facultad. Las corrientes de polaridad (en la conciencia) entre los
hemisferios inferior y superior deben mantenerse estimuladas para que puedan florecer las
capacidades de la mitad superior. Nosotros nunca estamos separados de ninguna parte de
nuestro horóscopo; aun cuando pasemos veinte horas cada día en la profesión de la
enseñanza, las corrientes de “ingreso” no deben dejarse agotar ni descuidarse. El aprender
es una ignición de conciencia de hechos e identificaciones; puede compararse a una
inhalación respiratoria. Cualquiera que esté verdadera y fuertemente motivado para
enseñar, mantendrá viva esta “facultad de la tercera casa”. En otras palabras él no
desperdiciará ninguna oportunidad para aprender más. Detener el “ingreso” es asegurar un
paro eventual de cristalización de la habilidad de enseñar. (He aquí una lección de
sinceridad y humildad: Maestros, tomen esto en cuenta).
Si Mercurio es el símbolo del “ingreso mental” entonces Júpiter - vital, radiante y
dinámico - es la abstracción de la “exhalación”: la transmisión de conocimiento o ignición
de conciencia intelectual ampliada y enriquecida por la madurez de la comprensión
espiritual. El conocimiento de los hechos más la conciencia de los principios. Con respecto
a esto debemos añadir otro factor a nuestro diseño: el signo de Virgo en la cúspide de la
sexta casa, creando una cruz en T, dos extremos de la cual están en el hemisferio inferior
regido por Mercurio.
Aquí el símbolo abstracto de los “condiscípulos” está expresado en una forma
ampliada para representar la “fraternidad de los trabajadores”. El trabajo considerado
espiritualmente es, más que labor física - es el servicio que cada persona puede rendir como
contribución al mejoramiento de la Vida para todos -.
Virgo, como signo de tierra, tiene una connotación claramente práctica: “Yo trabajo
para ganar dinero y sostener mi vida física y la de aquellos a quienes amo”. Mientras la
actitud hacia el servicio de la enseñanza sea “Yo aprendo algo para enseñarlo y ganar
dinero”, el aspecto de cuadratura de Géminis-Virgo amenaza el desenvolvimiento de las
capacidades del maestro porque lo mantiene identificado en la conciencia con la percepción
“friccional” de “consideraciones prácticas”. La redención de este patrón de cuadratura se
encuentra en el hecho de que la sexta casa es la última casa del hemisferio inferior y es la
“modulación” hacia el hemisferio superior de regeneración emocional y conciencia
espiritual. La sexta sigue a la quinta casa que es la del poder del Amor; cuando la
conciencia de la “labor de hacer dinero” es cargada con la creación del Amor y expresada
como servicio para el mejoramiento de la Vida, se toma en expresiones de redención. Por
medio de las experiencias de servicio amoroso nosotros adquirimos comprensión de
nuestro tema que en comparación hace del mero estudio de los libros una cáscara sin vida.
Esta comprensión es lo que el verdadero maestro irradia a sus discípulos.
Ahora completamos este diseño añadiendo el símbolo de Piscis a la cúspide de la
duodécima casa y colocando el símbolo de Neptuno ahí: la cruz de los signos comunes. Por
medio del primer brazo - Géminis - Mercurio simboliza al alumno”; su “exhalación” es
Júpiter como abstracción de la novena. Mercurio, a través de Virgo es el “alumno de
experiencia del Servicio”; su “exhalación” es Neptuno como la abstracción de la duodécima
casa. Diremos más de esto inmediatamente.
Para considerar el tema más concretamente, observemos algunos de los problemas
que tarde o temprano son encarados por aquellos que experimentan el impulso de enseñar.
Puesto que la enseñanza es en primer lugar una expresión dinámica de sabiduría, el
motivo debe ser de iluminación. Cualquiera que responda al impulso de iluminar debe
aceptar el reto de esos patrones de conciencia que representan la ignorancia: cristalización
mental, formalismo inflexible de opinión y actitud, prejuicio, la clase de ignorancia que
forma una base de indiferencia hacia las necesidades impersonales o espirituales de los
estudiantes. Este patrón de experiencia sirve como un reto a la integridad y el valor del
maestro.
El impulso de realizar un servicio impersonal debe ser probado tarde o temprano por
la propia conciencia de los factores económicos de la persona. Esta prueba es uno de los
puntos más significativos en la evolución de cualquiera que tenga aspiración espiritual en
cualquier patrón de trabajo. Considerando nuevamente el diseño con los signos comunes
vemos que los aspectos de oposición están arraigados por Mercurio a través de Géminis y
Virgo. Mercurio irredimido, en su alianza con el primer sector de la rueda, es “lo práctico”,
“la conveniencia”, “la exactitud literal” y “la evaluación superficial”. Estas palabras-clave
atañen a niveles de conciencia que aún no han alcanzado lo impersonal. Las personas que
están movidas hacia la profesión de la enseñanza y que permanecen en esta expresión de
Mercurio son aquellas cuya actitud básica es de interés propio. “¿Cuál empleo paga más?”,
“¿cuál empleo abre el camino para el mayor prestigio académico?”, “retiro más temprano”,
la “pensión más grande”, “los alrededores más placenteros”, etc. Estas consideraciones son
sostenidas por todos durante un tiempo en su progreso evolutivo; pero el punto señalado
aquí es que eventualmente la actitud hacia el trabajo debe ser regenerada en Servicio
Amoroso. Hasta tanto se tome ese paso, la función de la enseñanza no podrá ser cumplida
verdaderamente. Lo antes mencionado puede traducirse astrológicamente de esta manera:
hasta que el interés propio sea trascendido, el ciclo que comienza con Mercurio-Géminis no
puede encontrar su cumplimiento espiritual en Neptuno-Piscis, a través de Júpiter-Sagitario.
Puesto que Júpiter, como símbolo del maestro, se encuentra en el hemisferio
superior de la rueda, las pruebas del maestro verdaderamente motivado son mucho más
“internas” que “externas”. Sus problemas más significativos son problemas del alma.
Algunas de estas pruebas surgen de la necesidad de regenerar lo que podrían llamarse
cualidades de un Júpiter negativo, tales como:
Orgullo intelectual, por el cual el maestro se fija en niveles egotistas debido al
sentimiento de superioridad sobre aquellos a quienes enseña. Esta tendencia puede
remediarse por un “cambio en la conciencia” mediante el cual el maestro intensifique su
percepción de que él no es ni podrá ser nunca un repositorio para todo el conocimiento de
su tema particular; sino que es en realidad un hermano mayor para aquellos a quienes
enseña - y cualquiera de ellos puede ser su superior innato en sabiduría esencial -. Él
reconoce que es un precursor del desarrollo de sus discípulos y que él sirve como “punto de
modulación” por el cual ellos se mueven de niveles de inocencia a niveles de percepción de
su propia sabiduría. Él nunca debe olvidar que él ha atravesado en alguna época el mismo
camino de instrucción y en concepto de su propio desarrollo personal debe ser aún un
estudiante. En otras palabras, él debe mantener su actitud fluida y dinámica hacia su trabajo
de enseñanza - expandiéndose, mejorando y ampliándose -. De ese modo él utiliza
palabras-clave regeneradoras de Júpiter para evitar las cristalizaciones causadas por el
orgullo.
El engrandecimiento propio a través del deseo de reconocimiento y elogio es una
expresión de Júpiter como vanidad y codicia. En este nivel, el maestro busca continuamente
sobresalir sobre sus colegas para compensar su envidia a ellos. Él desea la adulación de sus
alumnos; él utiliza su trabajo para ganarse la buena opinión de la gente. El impulso de
mejorar su destreza y ampliar su esfera está motivado básicamente por su deseo de que se le
tenga en buen concepto. Este punto de vista “introspectivo” lleva las semillas de su propia
desintegración puesto que resulta automáticamente en una experiencia que servirá para
destrozar la motivación fija y limitadora.
El propósito de la enseñanza no es el engrandecimiento propio, sino la iluminación
de la conciencia de otros. El maestro que tiene una actitud basada en su integridad como
trabajador posee lo que puede llamarse una humildad sana - él respeta el trabajo que está
haciendo; él cultiva su destreza de modo que el trabajo mejore; él agradece todas las
sugerencias que se le den y está dispuesto a tomarlas en consideración -. Su actitud hacia
sus colegas es de apreciación por su valor para el trabajo, no una actitud de competencia, ya
que él reconoce que cada maestro tiene su propia contribución única que aportar. Él
auxilia a cada uno cuando puede y está dispuesto a aprender de cada uno cuando puede. En
otras palabras, él utiliza la palabra clave Jupiteriana de “mejoramiento” y mantiene sus
motivaciones espiritualizadas y regeneradas.
La verdadera actitud del maestro hacia sus discípulos nunca es la de “ejercer poder
Sobre ellos”. Es cierto que él lo tiene, ya que ellos son susceptibles a sus palabras y a su
influencia; pero su motivación es ponerlos alerta a la percepción de sus propios poderes y
habilidades y a las maneras y medios por los cuales ellos puedan expresar sus mejores
potencialidades. Su actitud hacia sus discípulos, motivada por el amor, es de benevolencia;
el progreso de ellos es su regocijo. Él aprecia la significación de la salida de sus discípulos
de un nivel de entendimiento a uno más elevado. Su deseo es ayudar al crecimiento - nunca
“mantener en sumisión”. Su “rendimiento” como maestro está respaldado por el aprecio
amoroso de sus discípulos - como estudiantes y como personas - quienes a su vez,
contribuirán al adelanto del trabajo que es el objeto de su devoción mutua - el altar en el
cual él y ellos han encendido sus velas -.
El símbolo del sendero del maestro en sus expresiones más sutilmente
espiritualizadas se encuentra en el cuarto cuadrante de la cruz común: Júpiter en la novena
a Neptuno en la duodécima. Este es el patrón de experiencia del Hermano “Mayor - el
iluminador de Almas, la irradiación de Sabiduría de las Filosofías y las Artes; universal en
su esfera de poder redentor -. En este sector del desarrollo, el conocimiento intelectual ha
sido abarcado y trascendido. El discípulo está interesado en los Principios de la Vida y sus
aspiraciones - no sus deseos o ambiciones - son encendidos por el contacto con la
Inteligencia iluminada y la conciencia espiritualizada del maestro.
Un diseño más: Aries en la primera cúspide. Leo en la quinta y Sagitario en la
novena; Marte en la primera casa, el Sol en la quinta y Júpiter en la novena. Esta es la
trinidad de los signos de fuego. Marte dice: “Yo Soy una expresión manifestada del Uno”.
El Sol dice: “Yo Soy el poder radiante del Amor”, Júpiter dice: “Yo Soy la irradiación de la
sabiduría”.
Este diseño triangular exterioriza la conciencia dinámica; Júpiter como maestro
simboliza aquí la paternidad espiritual: el padre que guía el desarrollo e ilumina la
conciencia evolutiva de sus “hijos”, sus “hermanos y hermanas menores”. En términos
humanos Júpiter aparece aquí simbolizando las responsabilidades espirituales de la
paternidad - y la responsabilidad de todos los padres de proporcionar el pan espiritual así
como también el físico a aquellos que han encarnado a través de ellos -.
El diseño demuestra, en niveles impersonales, la paternidad espiritual inherente de
todos los maestros hacia sus discípulos, quienes en niveles mentales, son sus hijos. Los
padres deben ser maestros; todos los verdaderos maestros traen a sus discípulos una
irradiación de poder de Amor que contribuye a la más completa realización de su Servicio
de Enseñanza.

***

del libro " Estudios de Astrología III ", de Elman Bacher

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